El fetiche de los winners

Norah_Walsh_Business_AnthropologyNo hace mucho tiempo, estaba convencida de que ver mi startup fracasar era lo peor que me podía pasar en la vida. Era un pensamiento tan horrible, que me negaba a considerar la posibilidad del fracaso. No existía.

Te imagino esbozando una media sonrisa, pensando “Madre mía, esta chavala, qué actitud más insana”, y estás en lo cierto. Yo, como tantas otras personas socializadas para competir, para tener éxito y no rendirse bajo ninguna circunstancia, tenemos una actitud bastante enferma hacia el fracaso. Nos damos cabezazos contra la pared, aterrorizados de convertirnos en fracasados, como si nuestros fracasos puntuales fuesen el reflejo del fracaso de toda nuestra existencia. Nos han criado para ser winners, y los winners no se rinden, no aceptan derrota.

Mi insana percepción del fracaso y la representación de mi valor, me convirtieron en la co-fundadora de una startup muy ciega, y muy, muy malhumorada. Si sucumbía al fracaso, me sentía una perdedora y sentía que tendría que vivir con un cartel en la frente que rezara “emperdedora”, como una especie de castigo cósmico por no ser todo lo winner que debía ser.

Ahora, mirando hacia atrás, veo claramente como mi terror al fracaso mermó mi creatividad y mi capacidad de mantener la mente fría y relativamente objetiva, para sortear dificultades y aceptar retos. Es fácil que una actitud tan negativa al fracaso te convierta en un monstruo incapaz de escuchar lo que no quiere escuchar, de ver lo que no quiere ver, y dispuesto a arrancarle la cabeza a quien te señale los agujeros por los que entra el agua, y amiga/o, no te enteras hasta que te hundes.

Vince Lombardi. Emprender. Creación de empresas. Hipopotesis. Fetiche los winners.

El mantra del fracaso

Cuando comencé a trabajar en nuestra startup también comencé a aprender sobre Lean Startup y maneras ágiles de emprender. En pocas semanas, me había devorado libros, encontrado un mentor y comenzado a aplicar la metodología Lean a mi proyecto, sin mirar atrás. Me resultaba fácil aplicar las técnicas lean, y empollar los manuales y los referentes del movimiento: me gustaba. Lo que no me gustaba, incluso me irritaba mucho, y tardó tiempo en dejar de irritarme, era el mantra del fracaso:

Fail hard, fail fast and fail often 

Me parecía una broma de mal gusto de algún winner norteamericano con mucho tiempo libre, que se había inventado esta frase para irritarnos a los que estábamos empezando. Estaba convencida de que era una estrategia para glamourizar el fracaso y no hacer sentir mal a la gente que fracasaba. Por aquel entonces, no entendía cómo aceptar el fracaso como parte del proceso y desarrollo de un proyecto logra aumentar la eficiencia del mismo, permitiéndote ver los agujeros del barco, trabajar en ellos y anticiparte al naufragio.

Tardé muchas semanas en comprender el valor de mantener el foco en lo que realmente importa: salir de la tormenta con un barco que funcione. Las características de dicho barco son secundarias, porque lo realmente vital es que el barco flote y navegue, y para conseguirlo, debes estar dispuesto a experimentar, a fallar, a re-hacer, a re-diseñar y ajustar tus ideas las veces que sea necesario.

Actualizando mi actitud hacia el fracaso pude comprender que me estaba hundiendo con un barco que no funcionaba, y pude comprender que eso no significa que YO no funcionase, y tampoco quería decir que mi carrera no funcionase. Todo esto significaba que tenía la oportunidad de enfocar mis energías y dejar de perder mi valioso tiempo. En un par de días, matamos el proyecto, y fue una verdadera victoria.

Los winners fracasan

Afortunadamente, todavía no venden éxito embotellado: sigue siendo un proceso individual, intransferible y subjetivo. Afortunadamente, también lo es el fracaso.
En mi proceso de evaluación y re-aprendizaje de mi interpretación del binomio éxito-fracaso, he podido extraer la importancia de no arrastrar en el tiempo el descubrimiento del fallo, pues éste no necesariamente trae consecuencias negativas. Aceptarlo como algo procesual, me ha permitido dejar de pensar en fallar como una desgracia, y empezar a pensar en incorporar el fallo a una estrategia amplia como una alerta para re-direccionar mis energías y ser más eficiente con mis recursos, mi tiempo y mi equipo.

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