Tu Plan de Empresa no sirve para nada, probablemente.

Un plan de empresa es un largo documento que pretende demostrar la viabilidad de un proyecto empresarial por medio del estudio del mercado, de los clientes y la competencia, el análisis de sus fortalezas o debilidades o la exposición de la rentabilidad esperada.

La creación de dicho documento ayuda al emprendedor/a a analizar cuidadosamente su entorno de mercado y a planear una estrategia que finalmente sirva de guía cuando el proyecto sea puesto en marcha.

Lo siento, era broma. 

Tacha mentalmente básicamente todo lo que has leído en el párrafo anterior o léelo en un tono de voz irónico y pedante. Así está mejor, porque mi intención en este artículo es contarte porqué los planes de empresa al uso clásico no te ayudan demasiado. En el mejor de los casos sólo te hacen perder tiempo.

La mayoría de nosostros/as -porque yo también me tiré de cabeza al furor del business planing- tenemos la ilusión de que nuestro plan de empresa sirva para dejar al mundo boca abierto con nuestras asombrosas habilidades para planear nuestro futuro (y predecirlo) y para recaudarnos montoncitos de dinero que podamos utilizar para nuestro proyecto. Tristemente, no funciona así. No importa mucho el tiempo que hayas dedicado a sacar montañas de estadísticas del Pew Research Center que demuestren que tu idea de negocio es lo mejor que se ha visto en años, pues finalmente acabas con un largo documento de deseos, una bonita obra de ficción.

Los planes de empresa, en su magnífica obsolescencia una vez terminados, se convierten en fotografías estáticas de lo que te encantaría que pasara con tu proyecto empresarial. No se convierte en mucho más porque es imposible predecir el devenir financiero de una empresa o planear con detalle su crecimiento o desarrollo, y es imposible utilizar un plan de empresa como una guía de acción puesto que sus pautas están tan lejos de lo tangible que sumiría cualquier proyecto en el caos y la frustración.

 

Escribe tus principios con boligrafo y tu plan de negocios con lapiz. Josh Kopelman en Hipopotesis, aprende a emprender.

Investigar no va reñido con la puesta en acción

En nuestro primer proyecto, una startup digital, gastamos semanas de tiempo investigando y redactando un plan de empresa, que está ahora escondido en alguna esquina de la memoria de mi ordenador, inacabado e inútil. Lamentablemente habíamos entendido que el tiempo de investigar no era compatible con el tiempo de acción, y que debíamos conocer mucho, sobre muchas cosas, antes de movernos. Por aquel entonces no habíamos logrado entender que investigar y aprender sin práctica es perder el tiempo, y que la puesta en movimiento de lo aprendido no necesariamente es el paso dos.

El tiempo y energía dedicados a aprender no debería ser consumido únicamente delante de una pantalla escribiendo un documento que pretender validar que has aprendido algo sino que debería ser convertido en un tiempo de acción, de productivos saltos entre la teoría y la práctica que exprima el aprendizaje y la investigación sacando todo el conocimiento real posible.

Para los que habéis llegado a este punto del artículo pensando “sí, todo muy bonito, pero escribir un plan de empresa te abre puertas. Puertas con dinero”, en parte tenéis razón. Pero lo cierto es que escribir un buen plan de empresa no te consigue dinero, el dinero se consigue con lo que hagas tú con el plan de empresa, con tu tiempo y los recursos que tienes a tu disposición. Además, podéis pensar, un plan de empresa señala tus metas, objetivos, métricas, te ayuda a diseñar una estructura. Y aunque diseñar un camino y un plan de acción es muy necesario, no es práctico lanzarse al vacío con un plan de negocios clásico, pues su inflexibilidad y poca agilidad es improductiva.

Por eso mi propuesta no es desechar por completo el formato de un plan de negocios, sino re-pensarlo.

Planes de empresa 2.0

Puedes planear de manera flexible, ágil y concisa cambiando la definición tradicional de plan de empresa por un enfoque más didáctico, armándote de herramientas e instrumentos que aligeren el peso muerto de planear sobre terreno ficticio. Primero, asume que lo que crees real sobre el modelo de tu negocio y lo que va a pasar con él, son hipótesis. Y eso está bien: planea validarlas o desecharlas una tras otra con agilidad.

Entendamos al plan de empresas como una herramienta más para validar o invalidar las hipótesis sobre las que se estructura nuestro modelo de negocio. En vez de plantearlo como un documento de piedra debemos crearlo para ser flexible, moldeable y sobretodo, revisable. Lograr que el plan de empresas sea un espacio de reflexión y diseño que no esté reñido con la práctica o el trabajo de calle: que sirva para crear pautas que debemos validar y corregir.

¿Y eso cómo se hace?

Las siguientes herramientas te van a servir para complementar o sustituir el Plan de Empresa tradicional. Aquí van:

Crea una estructura de hipótesis de manera concisa y rápida valiéndote, por ejemplo, de alguna de estas dos herramientas: el Business Model Canvas de Alex Osterwalder o el Lean Canvas de Ash Maurya, que te permiten crear un mapa visual de tus hipótesis de manera flexible, transportable, rápida y muy, muy sencilla de compartir y explicar. Lean Canvas de Ash Maurya y Business Model Canvas de Alex Osterwalder en Hipopotesis, aprende a emprender.

Otra herramienta útil para trazar el recorrido de la validación de tus hipótesis es otro mapa visual llamado Validation Board de Lean Startup Machine que comprime tu aprendizaje, y te ayuda a descartar o validar cada una de tus hipótesis ágilmente.

Validation Board de LeanStartupMachine en Hipopotesis, aprende a emprender. Antropología social y emprendimiento agil.

Si bien estas dos herramientas te ayudan a estructurar lo que quieres conseguir o crees tener conseguido y a desarrollar el modelo de negocio demostrando que tu proyecto puede ser rentable, las siguientes herramientas te ayudan a entender a tus clientes, a conocerles lo mejor posible para poder diseñar tu producto o servicio para ellos.

La primera es el conocido Embudo de Conversión -explicado excelentemente por Javier Megías-, pensado para construir métricas realistas y entender el proceso por el que tus clientes pasan.

Un buen Customer Journey Map -como el desarrollado por DesignPedia– puede marcar la diferencia a la hora de entender y ponerte en la piel de tus clientes ayudándote a construir una tabla de tus hipótesis sobre quiénes son, qué hacen y qué quieren hacer muy fiel a la realidad, siempre y cuando no te olvides de validar cada paso y cada asunción.

Complementando este último instrumento está el Mapa de Empatía -en este caso también desarrollado por DesignPedia, que profundiza en quién es el cliente, cómo se siente, cómo percibe su entorno, y qué dice. No te olvides de respirar y mantente alerta, pues en las próximas semanas hablaremos en más profundidad sobre cada uno de estos materiales y cómo utilizarlos de la mejor manera posible.

Mapa de empatia de DesignPedia, embudo de conversion de Javier Megias y costumer journey map de DesignPedia en Hipopotesis, aprende a emprender.

Estas herramientas, visuales y perfectas para el trabajo en equipo te permiten trabajar sobre el presente, sobre lo que sabes que está pasando ahora mismo sin tener que recurrir a imaginar o predecir el futuro. Los datos que obtengas sobre el presente de tu proyecto son mucho más valiosos que los datos que generes imaginando el futuro, generan más confianza y tienen más probabilidades que demostrar tu valor y de conseguir que alguien en este vasto mundo se fíe de ti.

1

Port Relacionados

Y tú, ¿qué piensas?

A %d blogueros les gusta esto: